Agustín Díaz (segundo de la derecha), con su hermano, Trinidad Díaz, Guerrero y Wilfrido Rotela, en 1995.
Fue un gran zaguero central, posición en el que brilló en su querido club, Ciudad Nueva. Sin embargo, comenzó como delantero y fue lateral derecho. Confesó que no le gustaba el fútbol, sin embargo, una consagración fue una lección para él. Casi 20 años jugó al balompié en la Liga Paranaense.

 

Agustín Díaz cuenta con un historial enriquecedor y tuvo la particularidad en admitir que no le gustaba el fútbol y que tampoco se sentía futbolista. Empero, la obtención del título del campeón de 1995 le hizo ver el valor de esa especialidad deportiva.

Empezó a jugar en Ciudad Nueva, al que le dedicó 17, de los 18 años de su carrera. Un solo año abandonó la entidad tricolor para vestir la casaca del Deportivo Marina. Formó parte de una camada gloriosa, la que construyó gran parte de la historia del club del populoso barrio de Ciudad del Este.

Comenzó de delantero, pero como no tenía cabida, tuvo que jugar de lateral, y a falta de zaguero, se vio obligado a cumplir dicha función.  Y fue en este último puesto en el que se sintió mejor. Fue un gran marcador central, con serenidad y personalidad. Imponía presencia y respecto en la zona defensiva.

Luego de dejar el fútbol activo, decidió jugar 4 años, en la desaparecida Liga Salesiana.

Agustín Díaz, con la casaca de la selección Paranaense.

INICIOS

“Comencé muy tarde a jugar al fútbol, a los 20 años, cuando me fiché en Ciudad Nueva.  En verdad, no me gustaba jugar al fútbol, porque trabaja en colectivo. Empecé de manera amateur en la Liga Salesiana, a los 18 años, allí me vieron algunos dirigentes y se fueron a hablar con mi padre, prácticamente, me obligaron a ficharme”, recordó entre risas.

 

REGALOS DEL FÚTBOL

“El fútbol me dio muchas, pero muchas amistades. La gente me conoce en los lugares a donde voy. En mí época  no se ganaba dinero, porque jugábamos por amor a la camiseta, y más aún en el caso de Ciudad Nueva, porque tenía la particularidad de contar con el apoyo multitudinario de su público y eso era una motivación especial”, significó.

 

UN TÉCNICO

“Pasé por muchos técnicos como Benito Ramos, Aldo Serafini y otros, pero creo que fue Oscar “Letradito” Cabrera quien influyó mucho en mi formación. Es un gran entrenador, que tenía visión y sabía tratar a los jugadores. Fue él quien hizo debutar como delantero, jugaba de número 7, también me hizo jugar de lateral derecho y por último jugué de zaguero centro”, agregó.

 

MOMENTO MÁS GLORIOSO

“El momento más glorioso fue cuando salimos campeones en 1995. Para decir verdad, no me consideraba futbolista, sino colectivero. Pero ese año, en la segunda final, que fue contra Cerro de Franco, me di cuenta lo que significaba el  fútbol. Fue algo impresionante, la cantidad de gente en el estadio era una multitud, abarrotados, todo era colorido. Recuerdo que regalamos pelotas, fue una verdadera fiesta, y ese año fue que viví el momento de mayor felicidad de mi carrera”, manifestó.

 

EL CAMPEONATO DEL 95

“Ese año armamos un gran grupo, y el técnico pidió  los refuerzos necesarios. Por algo se le decía “Letradito”, por ejemplo, le trajo a Nicasio Guerrero, que era delantero y le convirtió en central. Recuerdo, le dijo, contigo en la delantera, ni arroz hervido vamos a comer, y le puso conmigo en la defensa. Además, había dinero y la gente llenaba el estadio cada domingo. Había motivación doble para pelear el título, que al final, lo logramos”, expresó.

 

GOL MÁS IMPORTANTE

“No era de anotar goles, pero cuando comencé a jugar, en el 88, marqué el empate transitorio contra Nanawa. Fue un partido memorable, porque ya no teníamos chances de ser campeón, y en el partido anterior perdió como 9-1 contra 3 de Febrero. Entonces, los de Nanawa dijeron que nos iban a ganar 15-0, pero no fue así, nos esforzamos y ganamos”, sostuvo.

 

AYER Y HOY

“Hay demasiada diferencia, antes jugábamos sobre medida, de acuerdo a la necesidad. Incluso, los técnicos nos decían `emboveve’ (rechazar la pelota afuera) para ganar tiempo, porque físicamente, no íbamos a dar más respuesta. Hoy en día en pura velocidad, hay análisis táctico, técnico, físico, todo se sabe para que el futbolista rendir más. Por eso el fútbol moderno da gusto observar”, indicó.

 

ANÉCDOTA

“Recuerdo que cuando comencé recién a jugar, en el 88, el compañero Coca Martínez me dijo que si te quitábamos el invicto a Nanawa iba a ver muchísima plata. Y todos creíamos. Hasta nos prepararon caldo de tare’yi (pescado) y teníamos que comer sus ojos, aunque yo comí”, significó.

Agregó: “Como creí que ganaría mucha plata, pedí permiso en mi trabajo y entrené solo todos los días. Llegó el día del partido y con mucho esfuerzo ganamos 2-1, logramos el objetivo. El  martes llegó el sobre, esperábamos unos 200.000 guaraníes, sin embargo, contenía 5.000 guaraníes. Perdí 200.000 guaraníes en mi trabajo para recibir 5.000, eso fue histórico”, dijo y se rió.

MENSAJE PARA LA JUVENTUD

“El que quiera ser futbolista, tiene que sacrificarse y dedicarse al fútbol. Tiene que olvidarse de las fiestas nocturnas y las mujeres, solamente así pueden alcanzar sus objetivos”, destacó.

 

AGRADECIMIENTOS

“A familia y especialmente a Alejandro Anisimoff, con quien trabajaba, me dio la posibilidad de trabajar de mañana para poder entrenar a la tarde. Y a Oscar Cabrera, porque me incentivó a jugar al fútbol, aunque no me gustaba tanto, él me dijo que tenía condiciones para jugar”, expresó.

 

FICHA

Nombre: Agustín

Apellidos: Díaz Castillo

Fecha de nacimiento: 28 de agosto de 1967

Lugar de nacimiento: Isla Pucu, Cordillera

Apodo: Patorusu

Esposa: Angelina de Díaz

Hijos: Patricia Carolina, Paola, Rogert  Agustín y Aarón

Estatura: 1,76

Trayectoria: Ciudad Nueva, Deportivo Marina y selección Paranaense.

Títulos obtenidos: Campeón con Ciudad Nueva en 1995 en la Liga Paranaense y campeón con Ciudad Nueva en Preintermedia 2004

 

Facebook Comentarios