Antonio Román, habilidoso y rendidor lateral izquierdo

Antonio Román (pantaloncito y camiseta blancas), con Rogelio Delgado y Luis Roberti (derecha), en el Defensores del Chaco, en 1986.

Se agazapaba y se proyectaba. Sus marcadores debían recurrir a infracciones para detenerlo. Era de aquellos laterales que levantaban polvos de las rayas de la cal en la década del ’90. Siempre fue rendidor, inteligente y muy ordenado tácticamente. Su carrera de jugador duró casi 20 años, durante el cual mantuvo gran regularidad, recorrió muchos clubes y llenó de medallas su vitrina.

Era de poco hablar, ejemplo en humildad, virtud que perfeccionó con el correr del tiempo y que lo hizo más grande como futbolista y como persona. Perfil bajo, hasta cedió la capitanía porque no era de su agrado ostentar tal brazalete. Comenzó como delantero, posición en la que hasta se constituyó como goleador, pero un técnico le cambió para siempre de puesto en el que sobresalió y cosechó títulos nacionales.
Antonio Román fue gran jugador, privilegió con su presencia la inolvidable camada de los años 90 en diferentes clubes. Era inamovible en su posición. Tenía un secreto, se cuidaba mucho, dentro y fuera de la cancha, aspecto que ornamentó su carrera deportiva con alto rendimiento en cada partido que le cupo disputa.

 

INICIOS
“Me inicié en Primero de Mayo, en Presidente Franco, en el año 85′. Recuerdo que estaba con Aníbal Gutiérrez, Julio Almirón entre otros. Jugué dos partidos en juvenil y luego ya me llamaron para integrar el equipo de primera, como delantero. El técnico era Vargas Colmán. Estuve tres años en ese club, luego pasé a Cerro de Franco, allí salí goleador y me convocaron a la selección Paranaense”, indicó Román.

 

APODO
“El apodo de Burrito es de la época de jugador. Recuerdo que Ramón Casaú me llamó por primera vez Burrito, luego el periodista Flaviano Díaz se encargó de decir por la radio hasta que me quedé definitivamente con ese marcante”, dijo entre risas.

 

AYER Y HOY
“Bueno, en nuestra época entrenábamos en serio, en dos turnos. La disciplina era una virtud de todo jugador, el sacrificio también, si no, no rendíamos en la cancha y ni podíamos soñar con ser convocado a la selección Paranaense. El torneo era muy competitivo, equipos muy compactos, fuertes, como Nanawa, Minga Guazú, Boquerón, por lo tanto, teníamos que estar en condiciones de aguantar el trajín de cada partido”, expresó con mirada nostálgica.
“Ahora, los jóvenes tienen más oportunidades para sobresalir, porque los empresarios hacen todo y ellos, simplemente, se muestran en la cancha. Es por eso que son fácilmente transferidos”, añadió.

REGALOS DEL FÚTBOL
“El fútbol me dio la oportunidad de conocer mucha gente, cosechar varios amigos, amistades verdaderas, formar una linda familia y un hogar, lleno de amor y unidad, eso lo puedo decir con orgullo”, señaló emocionado.

UN TÉCNICO
«Dos técnicos puedo mencionar, porque uno me enseñó y me ayudó formarme como persona, el otro, como futbolista. Eduardo Rivera fue el técnico que me ayudó en los momentos buenos y malos de vida. Es mi segundo padre (se quebró y derramó unas lágrimas, en el improvisado sitio de la entrevista). El me formó como persona, porque me sirve hasta ahora lo que me dijo, me apoyó muchísimo”, refirió.


“Don Carlos Arce es el técnico que me formó como jugador, instauró en mí la disciplina que toda persona necesita para todos los ámbitos”.

ANÉCDOTA
 “Tengo una agradable y otra triste. La primera es que un día, estábamos en la concentración en un hotel de Ciudad del Este, esperando el partido contra Colegiales. Isidro Sandoval, con quien compartía la habitación, no amaneció (en el día del partido) en la pieza cuando el técnico entró a la mañana. Un poco más tardó llegó muy feliz y motivado, con unos tragos encima”, manifestó.
“La otra es que en Yhú (Caaguazú), hinchas de aquel equipo entraron en la cancha y le pegaron al árbitro hasta matarlo, después de que Paranaense lograra la clasificación en el minuto 52. Sufrimos mucho, estuvo en peligro nuestras vidas, pero pudimos salir a la ruta y volver a casa”.

 

MENSAJE PARA LA JUVENTUD
“El mensaje que quiero dar es a los padres. Los padres tienen la responsabilidad de acompañar a sus hijos que sueñan ser futbolistas. Deben dialogar con ellos, concientizarles, para que sepan qué les espera. Hay muchas tentaciones, que aumenta con la tecnología, celular e internet. Los chicos se pasan la noche en la computadora y luego responden en la cancha, se frustran, terminan renunciando sus sueños y buscan sustento en los vicios. Le digo que practiquen el deporte en nombre del Señor”, expresó.

AGRADECIMIENTOS
“A Dios, a mi familia, que me ayudó y me apoyó siempre, siempre entendieron lo que me gustaba y me respaldaban, hasta ahora, que sigo jugando en la categoría senior. A los dirigentes de Boquerón, Benedicto Céspedes y Cristóbal Britez. Ellos me llevaron dinero más de lo que necesitaba, cuando estaba en IPS. Y a Eduardo Rivera, mi eterno agradecimiento, porque en aquel difícil momento de vida, él llegó y firmó un cheque en blanco y me entregó, gesto que nunca voy olvidar”, señaló, sin poder seguir, porque volvió a quebrar.



FICHA
Nombre: Antonio
Apellidos: Román Navarro
Apodo: Burrito
Fecha de nacimiento: 12/06/1964
Lugar de nacimiento: Isla Pucú, Cordillera
Esposa: Fermina Almirón
Hija: Deisy Carolina 
Puesto: Lateral izquierdo
Estatura: 1,69 m.
Trayectoria: Primero de Mayo, Cerro de Franco, Nacional de Hernandarias, Ciudad Nueva, Minga Guazú, Nanawa, 3 de Febrero, Boquerón, Minga Guazú, Obreros Unidos de Hernandarias, Tupí Guaraní, Primavera de Mallorquín, Independiente de Hernandarias, Selección Paranaense y Caarendy.
Logros: Campeón nacional de Interligas con Paranaense en 1987 y 19986, campeón de la Recopa con Paranaense en 1990, campeón con Paranaense de la Copa San Isidro, campeón con Primavera en la Liga Caarendy de Fútbol en 1999.

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